lunes, 23 de abril de 2012
Una crema de samfaina.
Quan determinats productes baixen de preu en compro més quantitat que de costum i els converteixo en elaboracions que puguin congelar-se.
Així ha passat amb els pebrots, les albergínies i els carbassons, que s'han posat a preus interessants a les senzilles botigues de barri, permetent-me fer tres o quatre kilos de samfaina que després he congelat en envasos de plàstic d'uns quatre-cents grams cada un.
Soc conscient que aquesta verdura no és de producció artesana ni biològica ni de kilòmetre zero. Vé generalment de la llunyana Almería o fins i tot del Marroc -a vegades del delta del Llobregat- i ha crescut gairebé sempre sota el plàstic dels hivernacles, raó per la que no l'utilitzo per escalivar-la, preparació molt més sensible al sabor i a la textura de cada ingredient i que, quan es fa al caliu de llenya o de carbó vegetal, assoleix unes cotes d'exquisidesa difícils d'expressar amb paraules.
Dissabte passat vaig decidir convertir el contingut d'un d'aquests recipients en una crema, afegint-lo, un cop descongelat, a un litre de brou de gallina prèviament colat i desengreixat.
El brou fred com la samfaina, tot barrejat i posteriorment triturat amb el "minipimer" corresponent. Al foc perquè arrenqui el bull i passar-ho pel colador xinès que també hauria pogut ser un colador de malla metal.lica.
Quan es va refredar hi vaig anar afegint oli verge amb el setrill, remenant al mateix temps el contingut del recipient amb la batedora de filferro. Ho vaig ajustar de sal i de pebre i ho vaig donar per acabat.
Al tastar la crema de samfaina he constatat dues coses:
1ª. L'oli li atorga un sabor rústic que no em desagrada però que pot incomodar als paladars més sensibles.
2ª. Per evitar-ho hagués pogut utilitzar crema de llet en lloc d'oli, però no en soc un partidari aferrissat i crec que a més d'esblanqueïr el color potent de la barreja hauria desvirtuat el gust característic dels ingredients que integren la samfaina.
El proper cop que en faci canviaré la proporció de brou i de samfaina, suavitzant així el resultat final i convertint l'esmentada crema en una preparació més lleugera i en conseqüència més assimilable per les boques delicades.
I ara una consideració que fa referència al blog en sí mateix.
Per alguna raó els senyors de "Blogger" han canviat la configuració del producte i ara no em deixa aclarir els texts amb espais i intervals que el facin més llegible. Si algú de vosaltres sap com fer-ho que m'ho digui, sisplau.
Gràcies anticipades.
Pierre Roca
domingo, 8 de abril de 2012
Verdura.
La verdura está a buen precio y hay que aprovecharla, aunque para sacarle mayor rendimiento es indispensable tener algún conocimiento acerca de la conservación.
Les cuento mis últimos pasos:
Exuberantes pimientos rojos a 1,50 € el kilo, fotogénicas berenjenas a 0,80 € y cebollas grandes a 0,70 €.
El jueves me hice con tres kilos de lo primero, uno de berenjenas y uno y medio de cebollas secas de las de toda la vida.
En un par de horas largas, en una cazuela de medida suficiente y con abundante aceite lo convertí todo en una sanfaina o pisto de prometedor color oscuro que dispuse en tarros de plástico –unos 400 g. de sanfaina en cada uno-. Los tarros y su contenido reposan ahora en el congelador vertical –de cajones- esperando que vaya usando sanfaina para cualquier preparación, desde una pasta hasta un bacalao, un arroz o cualquier otra cosa.
Hermosas zanahorias a 0,46 €/kg.
Una vez peladas -compré dos kilos- las puse en una “cocotte” –recipiente pesado de acero inoxidable o de hierro fundido, de paredes y fondo grueso y de procedencia francesa o alemana- junto a una hoja de laurel, una ramita de tomillo y la sal necesaria, o sea poca, y sin líquido alguno.
Tapé el recipiente interponiendo una hoja de aluminio de cocina entre la tapadera y la “cocotte” y lo puse sobre fuego mínimo. Cada ocho o diez minutos levantaba la susodicha “cocotte” y sin destaparla hacía saltar el contenido con enérgicos movimientos, volteándolo de esa forma.
A los veinte minutos levanté la tapa, pinché una zanahoria, comprobé que aun ofrecía resistencia y puse de nuevo el recipiente al fuego. Diez minutos más tarde las zanahorias estaban en su punto. Las dejé tapadas hasta que se enfriaron y ahora están en la nevera, tapadas con lámina de aluminio a la que con ayuda de un palillo he practicado unos cuantos agujeros.
Será un muy buen acompañamiento para una carne de cerdo, por ejemplo. O un primer plato.
Tremendos calabacines a 1,20 €/kg.
Un kilo de calabacines sin pelar, lavados y cortados a dados gruesos. Una patata mediana pelada y laminada.
Lo pongo en un recipiente en el que hierve un caldito vegetal o el agua en la que ha hervido cualquier verdura. Hoja de laurel, ramita de tomillo.
Cuando el contenido del recipiente está hecho lo escurro conservando el líquido de cocción y lo paso a un recipiente en el que pueda triturarlos con el minipimer de turno.
Una vez triturada la mezcla la paso por el chino para afinarla, añado un poco de líquido de cocción hasta conseguir la textura que me gusta y con la batidora de alambre en una mano y la aceitera en la otra remuevo mientras añado un hilillo de aceite vírgen de forma continuada.
Cuando el resultado –textura y brillo- me agrada rallo un poco de nuez moscada, remuevo y lo ajusto de sal.
Si lo hace y quiere hacerse el experto puede darle el nombre de “crema de calabacín emulsionada con aceite virgen”. Y a correr. Puede tomarla fría o caliente.
Con el líquido de cocción que ha sobrado haga lo que quiera. “Moje” una carne o un pescado, cometa una sopita o dedíquese un entrañable arroz hervido que aliñará con el consabido chorrito de aceite.
Considérese una privilegiada. O un privilegiado. A elegir.
Nota: Ignoro la razón por la que el país, el nuestro, no produce recipientes de hierro fundido. Los produce de fundición de aluminio pero el resultado no tiene nada que ver con el de sus homónimos europeos. Una lástima.
Pierre Roca
Les cuento mis últimos pasos:
Exuberantes pimientos rojos a 1,50 € el kilo, fotogénicas berenjenas a 0,80 € y cebollas grandes a 0,70 €.
El jueves me hice con tres kilos de lo primero, uno de berenjenas y uno y medio de cebollas secas de las de toda la vida.
En un par de horas largas, en una cazuela de medida suficiente y con abundante aceite lo convertí todo en una sanfaina o pisto de prometedor color oscuro que dispuse en tarros de plástico –unos 400 g. de sanfaina en cada uno-. Los tarros y su contenido reposan ahora en el congelador vertical –de cajones- esperando que vaya usando sanfaina para cualquier preparación, desde una pasta hasta un bacalao, un arroz o cualquier otra cosa.
Hermosas zanahorias a 0,46 €/kg.
Una vez peladas -compré dos kilos- las puse en una “cocotte” –recipiente pesado de acero inoxidable o de hierro fundido, de paredes y fondo grueso y de procedencia francesa o alemana- junto a una hoja de laurel, una ramita de tomillo y la sal necesaria, o sea poca, y sin líquido alguno.
Tapé el recipiente interponiendo una hoja de aluminio de cocina entre la tapadera y la “cocotte” y lo puse sobre fuego mínimo. Cada ocho o diez minutos levantaba la susodicha “cocotte” y sin destaparla hacía saltar el contenido con enérgicos movimientos, volteándolo de esa forma.
A los veinte minutos levanté la tapa, pinché una zanahoria, comprobé que aun ofrecía resistencia y puse de nuevo el recipiente al fuego. Diez minutos más tarde las zanahorias estaban en su punto. Las dejé tapadas hasta que se enfriaron y ahora están en la nevera, tapadas con lámina de aluminio a la que con ayuda de un palillo he practicado unos cuantos agujeros.
Será un muy buen acompañamiento para una carne de cerdo, por ejemplo. O un primer plato.
Tremendos calabacines a 1,20 €/kg.
Un kilo de calabacines sin pelar, lavados y cortados a dados gruesos. Una patata mediana pelada y laminada.
Lo pongo en un recipiente en el que hierve un caldito vegetal o el agua en la que ha hervido cualquier verdura. Hoja de laurel, ramita de tomillo.
Cuando el contenido del recipiente está hecho lo escurro conservando el líquido de cocción y lo paso a un recipiente en el que pueda triturarlos con el minipimer de turno.
Una vez triturada la mezcla la paso por el chino para afinarla, añado un poco de líquido de cocción hasta conseguir la textura que me gusta y con la batidora de alambre en una mano y la aceitera en la otra remuevo mientras añado un hilillo de aceite vírgen de forma continuada.
Cuando el resultado –textura y brillo- me agrada rallo un poco de nuez moscada, remuevo y lo ajusto de sal.
Si lo hace y quiere hacerse el experto puede darle el nombre de “crema de calabacín emulsionada con aceite virgen”. Y a correr. Puede tomarla fría o caliente.
Con el líquido de cocción que ha sobrado haga lo que quiera. “Moje” una carne o un pescado, cometa una sopita o dedíquese un entrañable arroz hervido que aliñará con el consabido chorrito de aceite.
Considérese una privilegiada. O un privilegiado. A elegir.
Nota: Ignoro la razón por la que el país, el nuestro, no produce recipientes de hierro fundido. Los produce de fundición de aluminio pero el resultado no tiene nada que ver con el de sus homónimos europeos. Una lástima.
Pierre Roca
lunes, 2 de abril de 2012
Abrelatas.
El Christian i el Pedro, els dos titulars del “Abrelatas”, venien d’experiències professionals dins del camp de l’hostalatge, es van trobar mentre treballàven a Eivissa i després de constatar les coincidències que comparteixen van decidir-se a muntar junts un negoci del ram que dominen.
Volien quelcom de diferent per l’emplaçament, per la proposta i fins i tot per la clientela i així van descobrir el Poble Espanyol de Barcelona, un curiós parc temàtic situat a la falda de la muntanya de Montjuïc i format per reproduccions a escala real d’edificis de tot l’Estat, carrers, places i paisatges urbans.
El tema d’aquest parc temàtic “sui generis” és el contenidor en sí mateix i la variada oferta d’artesania, de records per a turistes, de bars, de restaurants i fins i tot de discoteques que hi conviuen amb fundacions, sales d’art i despatxos d’empreses privades que hi tenen la seu.
Més conegut pels forasters que pels barcelonins, el recinte funciona com un poble visitat diàriament per escoles, grups de turistes i passavolants que es sorprenen de trobar un espai tan insòlit a pocs minuts del centre de la ciutat.
Als dos socis del “Abrelatas” els va fer gràcia, van aconseguir un local situat a la “Plaza Mayor” d’aquest poble tan peculiar i van desmarcar-se de la oferta dels altres establiments hostalers del lloc, que practiquen un concepte de gastronomia orientat exclusivament a la generació de caixa sense més pretensions ni horitzons. Una oferta respectable que el local del Pedro i el Christian complementa amb un criteri més arriscat basat en la qualitat, en els productes molt ben escollits i amb formulacions francament interessants, a més de la complicitat que els agrada crear entre els clients i la casa.
L'atractiu de l’espai és la privilegiada terrassa que domina la gran plaça. Una plaça, no cal dir-ho, sense tràfec rodat i que funciona com a centre neuràlgic del recinte com ho faria d’estar situada a qualsevol altre poble. Els visitants la recorren admirant l’arquitectura, la canalla hi juga corrent i xisclant i els clients de la terrassa del “Abrelatas” hi degusten “platillos”, tapes carregades d’intenció i begudes escollides.
El Poble Espanyol, una de les seqüeles de l’exposició universal del mil nou-cents vint-i-nou, té un tarannà antic, aïllat i al marge del temps, però el negoci del Christian i del Pedro intenta ser una punta de llança, un intent de fer-se present a la realitat actual, recordant als clients que el pas dels anys permet que a l’entrada d’una casa clàssica de qualsevol poble de l’estat espanyol s’hi despatxin conserves de la millor qualitat, s’hi elaborin postres a l’anglesa i s’hi serveixin excel·lents ginebres.
Un lloc interessant situat a un dels espais més sorprenents de la ciutat.
Pierre Roca
Volien quelcom de diferent per l’emplaçament, per la proposta i fins i tot per la clientela i així van descobrir el Poble Espanyol de Barcelona, un curiós parc temàtic situat a la falda de la muntanya de Montjuïc i format per reproduccions a escala real d’edificis de tot l’Estat, carrers, places i paisatges urbans.
El tema d’aquest parc temàtic “sui generis” és el contenidor en sí mateix i la variada oferta d’artesania, de records per a turistes, de bars, de restaurants i fins i tot de discoteques que hi conviuen amb fundacions, sales d’art i despatxos d’empreses privades que hi tenen la seu.
Més conegut pels forasters que pels barcelonins, el recinte funciona com un poble visitat diàriament per escoles, grups de turistes i passavolants que es sorprenen de trobar un espai tan insòlit a pocs minuts del centre de la ciutat.
Als dos socis del “Abrelatas” els va fer gràcia, van aconseguir un local situat a la “Plaza Mayor” d’aquest poble tan peculiar i van desmarcar-se de la oferta dels altres establiments hostalers del lloc, que practiquen un concepte de gastronomia orientat exclusivament a la generació de caixa sense més pretensions ni horitzons. Una oferta respectable que el local del Pedro i el Christian complementa amb un criteri més arriscat basat en la qualitat, en els productes molt ben escollits i amb formulacions francament interessants, a més de la complicitat que els agrada crear entre els clients i la casa.
L'atractiu de l’espai és la privilegiada terrassa que domina la gran plaça. Una plaça, no cal dir-ho, sense tràfec rodat i que funciona com a centre neuràlgic del recinte com ho faria d’estar situada a qualsevol altre poble. Els visitants la recorren admirant l’arquitectura, la canalla hi juga corrent i xisclant i els clients de la terrassa del “Abrelatas” hi degusten “platillos”, tapes carregades d’intenció i begudes escollides.
El Poble Espanyol, una de les seqüeles de l’exposició universal del mil nou-cents vint-i-nou, té un tarannà antic, aïllat i al marge del temps, però el negoci del Christian i del Pedro intenta ser una punta de llança, un intent de fer-se present a la realitat actual, recordant als clients que el pas dels anys permet que a l’entrada d’una casa clàssica de qualsevol poble de l’estat espanyol s’hi despatxin conserves de la millor qualitat, s’hi elaborin postres a l’anglesa i s’hi serveixin excel·lents ginebres.
Un lloc interessant situat a un dels espais més sorprenents de la ciutat.
Pierre Roca
domingo, 25 de marzo de 2012
Comer, compartir.
Los solitarios convencidos, circunstanciales, accidentales o endémicos lo sabemos muy bien: comer solo es a veces agradable, es casi siempre práctico y sobre todo es rápido. Pero no es ni de lejos la mejor opción.
En mi caso la diferencia empieza con la elección del menú. Si es para mí solo comienzo por repasar el inventario de nevera y congelador. Si me apetece algún producto en especial, por ejemplo pescado fresco, la comida empieza a planificarse por la mañana, habilitando un espacio de tiempo para ir al mercado, aunque lo normal es organizar el condumio a partir de las reservas, que en esta casa son considerables en cantidad y variedad, utilizar técnicas y procedimientos entre lo casero y lo profesional y conseguir con todo ello una comida más que decente.
Pero no es la mejor opción.
Lo suyo, lo deseable y lo apetecible, lo reconfortante, lo sano es comer junto a alguien. Compartir la comida –o la cena o el desayuno- con quien asienta o discrepe, con quien aporte sensibilidad, conocimientos, las noticias de la calle o el último chascarrillo, la comidilla, lo que se dice y se cuenta, lo que casi nadie sabe o lo que todo el mundo comenta. Lo sucedido o lo que ocurrirá en breve.
Ayer sábado comí así en casa de uno de mis primos. Seis en la mesa. Seis participando del ritual de los “calçots”, de la salsa, prima hermana del popular “romescu”, y de las manos ennegrecidas por la piel carbonizada de esa sabrosa variante de la cebolla. Seis brindando, hablando atropelladamente, riendo, opinando, abundando o discrepando. Seis devorando alcachofas y patatas asadas en el fuego de leña de roble, engullendo “butifarres” o pollo o conejo, untando pan en el allioli y probando la ensalada, deliciosa, por placer y por aquello de la dietética.
Tomamos los postres, el café y la copa alrededor de la tele y del fútbol, ganó nuestro equipo y luego vimos ganar al rival de toda la vida. Y a casa, a dormir los excesos y levantarme esta mañana con algo más de normalidad en la piel. Que no es poco.
Recuerdo así comidas de la infancia, otras con mis compañeras de trayecto, con mis hijos, con amigos, con gente vinculada a mi trayectoria profesional e incluso con gente a la que apenas conocía. Comidas fastuosas o sencillas, en alguna casa o en restaurantes o improvisadas en un rincón de la barra de cualquier bar. Cenas deliciosas en compañía de conocidos mucho más sabios que yo o desayunos de tenedor y mantel de inacabable sobremesa. Resopones románticos en espacios decadentes.
Recuerdo nombres de mujer, ocasiones, hijas e hijos, familiares, amigos, ambientes cálidos, entrañables e incluso emocionantes. Locales, naves industriales, merenderos, comedores íntimos, cocinas, terrazas y jardines. Celebraciones por todo lo alto o simplemente la celebración de la vida, del momento, de un día soleado o de una noche lluviosa o de un trabajo concluído.
Les dejo para comerme un arroz de conejo que he ido haciendo mientras escribía.
Solo, por supuesto.
Pierre Roca
En mi caso la diferencia empieza con la elección del menú. Si es para mí solo comienzo por repasar el inventario de nevera y congelador. Si me apetece algún producto en especial, por ejemplo pescado fresco, la comida empieza a planificarse por la mañana, habilitando un espacio de tiempo para ir al mercado, aunque lo normal es organizar el condumio a partir de las reservas, que en esta casa son considerables en cantidad y variedad, utilizar técnicas y procedimientos entre lo casero y lo profesional y conseguir con todo ello una comida más que decente.
Pero no es la mejor opción.
Lo suyo, lo deseable y lo apetecible, lo reconfortante, lo sano es comer junto a alguien. Compartir la comida –o la cena o el desayuno- con quien asienta o discrepe, con quien aporte sensibilidad, conocimientos, las noticias de la calle o el último chascarrillo, la comidilla, lo que se dice y se cuenta, lo que casi nadie sabe o lo que todo el mundo comenta. Lo sucedido o lo que ocurrirá en breve.
Ayer sábado comí así en casa de uno de mis primos. Seis en la mesa. Seis participando del ritual de los “calçots”, de la salsa, prima hermana del popular “romescu”, y de las manos ennegrecidas por la piel carbonizada de esa sabrosa variante de la cebolla. Seis brindando, hablando atropelladamente, riendo, opinando, abundando o discrepando. Seis devorando alcachofas y patatas asadas en el fuego de leña de roble, engullendo “butifarres” o pollo o conejo, untando pan en el allioli y probando la ensalada, deliciosa, por placer y por aquello de la dietética.
Tomamos los postres, el café y la copa alrededor de la tele y del fútbol, ganó nuestro equipo y luego vimos ganar al rival de toda la vida. Y a casa, a dormir los excesos y levantarme esta mañana con algo más de normalidad en la piel. Que no es poco.
Recuerdo así comidas de la infancia, otras con mis compañeras de trayecto, con mis hijos, con amigos, con gente vinculada a mi trayectoria profesional e incluso con gente a la que apenas conocía. Comidas fastuosas o sencillas, en alguna casa o en restaurantes o improvisadas en un rincón de la barra de cualquier bar. Cenas deliciosas en compañía de conocidos mucho más sabios que yo o desayunos de tenedor y mantel de inacabable sobremesa. Resopones románticos en espacios decadentes.
Recuerdo nombres de mujer, ocasiones, hijas e hijos, familiares, amigos, ambientes cálidos, entrañables e incluso emocionantes. Locales, naves industriales, merenderos, comedores íntimos, cocinas, terrazas y jardines. Celebraciones por todo lo alto o simplemente la celebración de la vida, del momento, de un día soleado o de una noche lluviosa o de un trabajo concluído.
Les dejo para comerme un arroz de conejo que he ido haciendo mientras escribía.
Solo, por supuesto.
Pierre Roca
miércoles, 1 de febrero de 2012
La Lola de las Arenas.


El lloc del que us parlo avui és bastant més que un restaurant.
Durant tots els dies de la setmana i de les deu del matí a la una de la matinada s’hi pot prendre qualsevol dels enunciats de la carta. Per dir-ho més clar, s’hi pot esmorzar un arròs negre o dinar un cafetó o sopar qualsevol altra cosa de les nombroses opcions disponibles.
A “La Lola de las Arenas” d’aquesta facilitat en diuen “cocina sin complejos” i jo mateix en dic comoditat.
L’establiment, creat i posat en funcionament fa pocs mesos per un grup de socis encapçalats pel Quim Marquès – “El Suquet de l’Almirall”-, no pretén ser el més exquisit de la ciutat ni persegueix les estrelles del fabricant de pneumàtics ni vol fer-se lloc a les pàgines de la premsa gastronòmica que dicta opinió.
“La Lola....” des de la seva situació privilegiada a la terrassa de l’antiga plaça de toros de les Arenes, a la plaça d’Espanya i davant de la muntanya de Montjuïc, es va fent un lloc al llistat de locals de qualitat sense pretensions que donen servei a la ciutat i als ciutadans locals o forasters, que faciliten les coses, obren portes, amplien horaris i s’adapten als canvis vertiginosos que experimenten la societat, els costums i la diversitat de formes d’entendre la vida.
La seva estratègica proximitat amb el recinte firal el converteix en receptor natural dels visitants, personal i responsables dels estands de qualsevol mostra, raó per la que el generós espai del negoci s’omple a vessar durant els Construmat, Saló Nàutic, G-Mobile o qualsevol altra de les nombroses exposicions que tenen lloc a les instal·lacions de Montjuïc. Els caps de setmana la parròquia està composta per turistes urbans que visiten la muntanya i les nombroses infraestructures que hi conviuen al costat dels diferents parcs i jardins i els dies laborables, cada cop més, per gent que treballa a les immediacions, per turistes, pels que coneixem el lloc i per clients de les botigues del centre comercial de les Arenes.
El meu dinar d’ahir va ser senzill i deliciós. Crema de ceba elaborada de la forma més clàssica, generosa hamburguesa cuita al punt i servida amb fulles d’enciam, tomàquet amanit i patates confitades i un còctel de fruita fresca lleuger i aromàtic. Dues copes d’un excel·lent vi negre del Penedes i un cafè. Tot plegat per setze euros. Correctíssim.
La proposta de la casa funciona com a assortit de tapes o com a àpat tradicional, combinant-la al gust de cada un. Així cada client hi troba el que busca pel que fa a varietat i quantitats.
L’equip experimentat, el tracte amable, els productes escollits, la proposta de qualitat i un tarannà on la simpatia és part de l’ambient, de la normalitat i del “look” de la casa, a més d’uns preus realistes, converteixen “La Lola...” en una referència saborosa que cal tenir en compte quan es desplacem a aquella part de Barcelona.
Pierre Roca
“La Lola de las Arenas”.
Terrassa del centre comercial de les Arenes.
Plaça d’Espanya.
Barcelona
Tel. 934 255 714
Obert tots els dies de 10 a 01 h.
viernes, 27 de enero de 2012
Bar Angel.
Quan l’Estació de França de Barcelona era la més important de la ciutat, els carrerons que l’envolten eren plens de bars on els viatgers podien adquirir els “menús de viatge”, bosses més o menys voluminoses, en funció del trajecte, amb entrepans, alguna peça de fruita i una o més ampolles de cervesa, tot plegat a les antípodes de la sofisticació. Si l’esforçat client de RENFE s’aprestava a pujar al mític “sevillano”, per exemple, la bossa contenia material suficient per no passar gana durant els gairebé dos dies que durava el trajecte i per alternar l’aigua que es podia beure a les nombroses estacions a les que s’aturava el tren amb un tret de Xibeca calentona i sacsejada.
Relegada la preciosa estació –és l’única construcció ferroviària del planeta amb nau abovedada de planta corba- al patètic rol secundari d’instal·lació testimonial i d'allotjament de fires marginals, d’esdeveniments mundans i de rodatges, els petits bars van perdre la raó de ser i van periclitar, aliens a la transformació ideològica, formal i sociològica dels seus homònims de l’immediat barri de la Ribera.
El Santi Hoyos, patró del bar “Mudanzas” al proper carrer de la Vidrieria i observador inquiet de la dinàmica de la zona, va quedar-se fa dos anys amb el “Bar Angel”, un dels bars esmentats al principi, amb la intenció de convertir-lo en referent de la seva pròpia idea del negoci gastronòmic: un espai petit de proposta curta i molt cuidada, de preus tranquils i al marge del soroll mediàtic i de les modes efímeres.
Passat un any de reformes i un altre de rodatge silenciós, de proves i d’ajustaments, el “Bar Angel” s’ha convertit en una esplèndida realitat voluntàriament allunyada dels tòpics. Un espai discret i senzill que proposa al client un llistat curt però intens de delicadeses i d’autenticitat.
Una de les truites millor fetes de la ciutat, “vieira” embolicada amb delicadíssima cansalada de porc ibèric i marcada, espectaculars ous ferrats de gallina criada a l’aire lliure, fantàstic llamàntol, bacallà, saborosa hamburguesa de “abanico” de ibèric servida amb puré de patata casolà, cigrons amb “morcilla patatera”, deliciós “secret” de porc ibèric cruixent, delicada galta de tonyina i un breu però convincent etcètera que atreu una clientela entesa, selecta i exigent. Els vins, per cert, s’han escollit en funció de la qualitat i del preu. Cap ampolla sobrepassa els dotze euros i així s’aconsegueix que la carta es mantingui a un nivell moderat i adient amb els temps que ens ha tocat viure.
La fórmula escollida per gestionar el negoci és tan acurada com la resta: cuiner jove i experimentat, cambrera eficient i la presència del Santi en funcions de patró per acollir, aconsellar i dirigir aquest espai petit i peculiar, amagat i recollit com la majoria de coses que ens aporten felicitat.
Durant l’etapa de preparació el Santi va establir sòlides relacions amb els Maldonado, criadors de porc ibèric a Alburquerque, Extremadura, i elaboradors de “chacinas” d’una qualitat emocionant, com la “papada” de porc ibéric “mamellado”, que al “Bar Angel” serveixen convertida en un tel finíssim, aromàtic i saborós, d’una subtilitat indescriptible.
Sense publicitat, sense inauguració ni invitacions massives ni articles a les revistes especialitzades ni als suplements dominicals dels diaris de gran tirada, la clientela de l’establiment augmenta de forma lenta però segura i es consolida al voltant de la sorprenent qualitat de l’oferta, del tracte i de la sensació de privilegi, de l’autenticitat, del criteri i d’uns preus més que raonables que converteixen l’establiment en una referència segura.
Benvingut sigui el “Bar Angel”.
Pierre Roca
“Bar Angel”.
Carrer Ocata, 2 bis
Al costat de l’Estació de França.
Preu mig, 25 €.
Tel. 932 690 493
Relegada la preciosa estació –és l’única construcció ferroviària del planeta amb nau abovedada de planta corba- al patètic rol secundari d’instal·lació testimonial i d'allotjament de fires marginals, d’esdeveniments mundans i de rodatges, els petits bars van perdre la raó de ser i van periclitar, aliens a la transformació ideològica, formal i sociològica dels seus homònims de l’immediat barri de la Ribera.
El Santi Hoyos, patró del bar “Mudanzas” al proper carrer de la Vidrieria i observador inquiet de la dinàmica de la zona, va quedar-se fa dos anys amb el “Bar Angel”, un dels bars esmentats al principi, amb la intenció de convertir-lo en referent de la seva pròpia idea del negoci gastronòmic: un espai petit de proposta curta i molt cuidada, de preus tranquils i al marge del soroll mediàtic i de les modes efímeres.
Passat un any de reformes i un altre de rodatge silenciós, de proves i d’ajustaments, el “Bar Angel” s’ha convertit en una esplèndida realitat voluntàriament allunyada dels tòpics. Un espai discret i senzill que proposa al client un llistat curt però intens de delicadeses i d’autenticitat.
Una de les truites millor fetes de la ciutat, “vieira” embolicada amb delicadíssima cansalada de porc ibèric i marcada, espectaculars ous ferrats de gallina criada a l’aire lliure, fantàstic llamàntol, bacallà, saborosa hamburguesa de “abanico” de ibèric servida amb puré de patata casolà, cigrons amb “morcilla patatera”, deliciós “secret” de porc ibèric cruixent, delicada galta de tonyina i un breu però convincent etcètera que atreu una clientela entesa, selecta i exigent. Els vins, per cert, s’han escollit en funció de la qualitat i del preu. Cap ampolla sobrepassa els dotze euros i així s’aconsegueix que la carta es mantingui a un nivell moderat i adient amb els temps que ens ha tocat viure.
La fórmula escollida per gestionar el negoci és tan acurada com la resta: cuiner jove i experimentat, cambrera eficient i la presència del Santi en funcions de patró per acollir, aconsellar i dirigir aquest espai petit i peculiar, amagat i recollit com la majoria de coses que ens aporten felicitat.
Durant l’etapa de preparació el Santi va establir sòlides relacions amb els Maldonado, criadors de porc ibèric a Alburquerque, Extremadura, i elaboradors de “chacinas” d’una qualitat emocionant, com la “papada” de porc ibéric “mamellado”, que al “Bar Angel” serveixen convertida en un tel finíssim, aromàtic i saborós, d’una subtilitat indescriptible.
Sense publicitat, sense inauguració ni invitacions massives ni articles a les revistes especialitzades ni als suplements dominicals dels diaris de gran tirada, la clientela de l’establiment augmenta de forma lenta però segura i es consolida al voltant de la sorprenent qualitat de l’oferta, del tracte i de la sensació de privilegi, de l’autenticitat, del criteri i d’uns preus més que raonables que converteixen l’establiment en una referència segura.
Benvingut sigui el “Bar Angel”.
Pierre Roca
“Bar Angel”.
Carrer Ocata, 2 bis
Al costat de l’Estació de França.
Preu mig, 25 €.
Tel. 932 690 493
domingo, 11 de diciembre de 2011
Rellirós, al barri de Sant Andreu.
El restaurant Rellirós és una bona notícia gastronòmica a una zona de la ciutat de Barcelona que n’està necessitada.
Obert fa un parell d’anys per una parella jove, el local, un espai net, endreçat, d’estètica minimalista basada en el blanc i el negre i finalment elegant a força de ser senzill, pot acollir uns trenta comensals i és en sí mateix un bon presagi que es confirma a mida que s’entra, es seu a taula, s’escull, es menja i es paga.
De dilluns a divendres proposen un menú de migdia de tres primers i tres o quatre segons més postres que inclou la beguda i que surt per 11.90 €. El cap de setmana el menú s’amplia amb productes i formulacions més elaborades i de caire més festiu i un preu de menys de vint euros que segueix en la línia de la millor relació qualitat/peu que practica la casa. El servei, a més, és amable, discret i eficient.
Aquest divendres al migdia hi he menjat una tartaleta d’escalivada amb formatge de cabra, cruixent i molt ben resolta i un bacallà amb samfaina i crema de porros excel·lent de punt, de presentació, de coneixement culinari i d’una subtil modernitat suggerida que diu molt a favor de la cuinera o cuiner.
La “tatin” de les postres, servida sobre un preciós rectangle de pissarra negre, tenia un sorprenent nivell de qualitat i el vi de la casa, cosa raríssima en aquest curiós país nostre, era més que acceptable: un ull de llebre de la D.O. Conca de Barberà.
La clientela és en la seva majoria gent que treballa o viu al barri, amb important representació de joventut i alguna persona encuriosida que n’ha tingut notícia.
L’actitud que he respirat al Rellirós hauria de ser exemple per tants i tants restaurants vells o nous que proposen mediocritat, avorriment i un cansament vital que no aporta res al sector i foragita el client.
A l’establiment del carrer Llenguadoc la voluntat és de complaure, de sorprendre agradablement i per sobre de tot d’aconseguir que el client surti content, pensant que no tot està perdut i que la nova generació puja amb força, amb ganes i amb un nivell envejable de coneixements humanístics i professionals. Poques coses, en efecte, més aprop de l’essència de l’ésser humà que el menjar, sobre tot quan es menja en un lloc públic, envoltats de gent. Ritual antic com el fet de viure i de conviure, que admet pocs enganys i ens predisposa a comunicar i a gaudir de la companyia dels altres quan les circumstàncies ho propicien com és el cas que descric.
El Rellirós és sense dubtar-ho una troballa valuosa. Una illa de qualitat i de feina ben feta en un entorn en el que la norma és la deixadesa, la mandra i les dreceres sospitoses. Un molt bon senyal. Una excepció que marca el camí a seguir, que crea tendència i que estimularà, n’estic segur, d’altres professionals joves a donar el pas d’obrir el seu propi negoci a partir de l’ofici i de l’honestedat.
Un restaurant que us recomano i al que tornaré sovint.
Pierre Roca
Restaurant Rellirós
C/Llenguadoc, 63 (Barri de Sant Andreu)
Barcelona
Telèfon 933 114 775
relliros@relliros.cat
Molt ben comunicat amb el centre de la ciutat per bus i metro.
Obert fa un parell d’anys per una parella jove, el local, un espai net, endreçat, d’estètica minimalista basada en el blanc i el negre i finalment elegant a força de ser senzill, pot acollir uns trenta comensals i és en sí mateix un bon presagi que es confirma a mida que s’entra, es seu a taula, s’escull, es menja i es paga.
De dilluns a divendres proposen un menú de migdia de tres primers i tres o quatre segons més postres que inclou la beguda i que surt per 11.90 €. El cap de setmana el menú s’amplia amb productes i formulacions més elaborades i de caire més festiu i un preu de menys de vint euros que segueix en la línia de la millor relació qualitat/peu que practica la casa. El servei, a més, és amable, discret i eficient.
Aquest divendres al migdia hi he menjat una tartaleta d’escalivada amb formatge de cabra, cruixent i molt ben resolta i un bacallà amb samfaina i crema de porros excel·lent de punt, de presentació, de coneixement culinari i d’una subtil modernitat suggerida que diu molt a favor de la cuinera o cuiner.
La “tatin” de les postres, servida sobre un preciós rectangle de pissarra negre, tenia un sorprenent nivell de qualitat i el vi de la casa, cosa raríssima en aquest curiós país nostre, era més que acceptable: un ull de llebre de la D.O. Conca de Barberà.
La clientela és en la seva majoria gent que treballa o viu al barri, amb important representació de joventut i alguna persona encuriosida que n’ha tingut notícia.
L’actitud que he respirat al Rellirós hauria de ser exemple per tants i tants restaurants vells o nous que proposen mediocritat, avorriment i un cansament vital que no aporta res al sector i foragita el client.
A l’establiment del carrer Llenguadoc la voluntat és de complaure, de sorprendre agradablement i per sobre de tot d’aconseguir que el client surti content, pensant que no tot està perdut i que la nova generació puja amb força, amb ganes i amb un nivell envejable de coneixements humanístics i professionals. Poques coses, en efecte, més aprop de l’essència de l’ésser humà que el menjar, sobre tot quan es menja en un lloc públic, envoltats de gent. Ritual antic com el fet de viure i de conviure, que admet pocs enganys i ens predisposa a comunicar i a gaudir de la companyia dels altres quan les circumstàncies ho propicien com és el cas que descric.
El Rellirós és sense dubtar-ho una troballa valuosa. Una illa de qualitat i de feina ben feta en un entorn en el que la norma és la deixadesa, la mandra i les dreceres sospitoses. Un molt bon senyal. Una excepció que marca el camí a seguir, que crea tendència i que estimularà, n’estic segur, d’altres professionals joves a donar el pas d’obrir el seu propi negoci a partir de l’ofici i de l’honestedat.
Un restaurant que us recomano i al que tornaré sovint.
Pierre Roca
Restaurant Rellirós
C/Llenguadoc, 63 (Barri de Sant Andreu)
Barcelona
Telèfon 933 114 775
relliros@relliros.cat
Molt ben comunicat amb el centre de la ciutat per bus i metro.
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